Entradas con la etiqueta ‘Fray Órdigas’

MADRID VIEJO MONUMENTAL

Miércoles, 13 de Agosto de 2008

En el viejo Madrid todavía quedan casas sin derribar. Casas que aún no han sido apuntaladas, a las que no ha llegado la lepra de lo viejo, ni esa artritis que las hace sostenerse con muletas. Vencejos y golondrinas son los aéreos e  insólitos pobladores de este Madrid romántico que guarda en sus entrañas la historia toda de Madrid. Es el “viejo Madrid” que se enseña a los turistas. En el que se les llena de vino hasta que no pueden más. Y al que volverán, una vez que aprendieron a abrir las alas y a seguir este vuelo de singladuras populares, una y otra vez. Lo viejo, lo típico, es lo que quiere ver el turista, no importa de que latitud llegue.

¿Qué itinerario puede seguirse para entrar en el “viejo Madrid de los Austrias”? Hay varias vías de acceso. Tal vez las más fáciles sean las que conducen desde la Puerta del Sol, centro urbano de la ciudad, que son las calles Mayor y Arenal.

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Fray Órdigas se muda.

Miércoles, 13 de Agosto de 2008

Los más curiosos ya se habrán dado cuenta de que Fray Órdigas se a venido al blog, antes estaba en su propio subdominio con un único texto y ahora se viene con su propio tag y un montón de textos de última hornada debajo del brazo.

Bienvenido de nuevo ;)

Añoranzas de Madrid

Lunes, 11 de Agosto de 2008

Son las seis de una tarde invernal. Por la calle del Mesón de Paredes avanza pasito a paso el señor Emilio Cazorla. Cada poco se detiene con un conocido. El señor Emilio es muy popular en estos andurriales de la antigua plaza del “Progreso”. En la calle de Juanelo posee un establecimiento de pianos que alberga los restos decadentes de los en otro tiempo solicitados organillos, que, traídos de Italia, pronto se madrileñizaron hasta las cachas. A su vera nacieron los organilleros achulados tipos que personificaron lo falsamente castizo de los Madriles, tenorios de muchachuelas con alocados pájaros en la cabeza y de daifas callejeras, golfantes dados a la holganza y al bureo, con pujos matonescos y sin pizca de vergüenza.

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